Recaller 2.0 información científica

BAFF y PAF, biomarcadores de inflamación

Muchos estudios científicos han demostrado que algunas citoquinas pertenecientes a la familia del FNT (Factor de Necrosis Tumoral) desempeñan un papel importante en el desarrollo y mantenimiento de los estados inflamatorios. Al igual que con un termómetro es posible medir la fiebre, un indicador de un estado inflamatorio interno, gracias a la medición de dos marcadores como el BAFF (Factor de Activación de Células B) y el PAF (Factor de Activación de Plaquetas) es posible medir la cantidad de inflamación, incluso relacionada con la comida, presente en el organismo. La relación entre el BAFF (Factor Activador de Células B), el PAF (Factor Activador de Plaquetas) y enfermedades específicas como las artropatías, el síndrome del intestino irritable, las enfermedades autoinmunes y las enfermedades inflamatorias del intestino es cada vez más evidente y está documentada en la literatura científica.
  • Lago F et al Nat. Clin. Pract. Rheumatol. 3, 716–724 (2007). doi: 10.1038/ncprheum0674
  • Hamada M et al Obesity 19, 1915–1922 (2011). doi: 10.1038/oby.2011.165
  • Cai C et al PLoS One 9, e112154 (2014). doi: 10.1371/journal.pone.0112154
  • Alpay K et al Cephalalgia 30, 829–837 (2010). doi: 10.1177/0333102410361404
BAFF es una proteína transmembrana perteneciente a la "superfamilia" del TNF-α, que consiste en 258 aminoácidos, producidos y secretados no sólo por células del sistema inmunológico como macrófagos, monocitos, células dendríticas y células T, sino también por células de tejido adiposo, células epiteliales de las glándulas salivares, astrocitos, células epiteliales nasales y bronquiales. La acción del BAFF está estrechamente relacionada con la función de los adipocitos, hasta el punto de que algunos definen esta citoquina como una "adipocina". Por esta razón, el estudio del BAFF y sus implicaciones en el desarrollo de la resistencia a la insulina in vivo han despertado un interés considerable en los últimos años. Cuando se produce una alteración en la secreción de adipocinas, pueden producirse procesos de inflamación que conducen al desarrollo de condiciones metabólicas desequilibradas como la obesidad y la diabetes. Altos niveles de BAFF están presentes en pacientes con asma alérgica, enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico, el síndrome de Sjögren, la artritis reumatoide, la esclerosis sistémica, la crioglobulinemia, la miastenia gravis y la enfermedad celíaca. La producción de BAFF depende de la respuesta inmunológica a los estímulos tanto externos como endógenos. La nutrición juega un papel primordial y el contacto repetido con los mismos alimentos contribuye a mantener su nivel elevado. El BAFF está involucrado en la mayoría de los procesos defensivos del cuerpo y está fuertemente involucrado en la regulación de la producción de anticuerpos. Un aumento injustificado del BAFF puede, por ejemplo, dar lugar a la producción de un exceso de autoanticuerpos y fomentar el desarrollo de enfermedades autoinmunes. El propio BAFF puede desempeñar un papel en muchas de las enfermedades y trastornos más comunes y frecuentes de hoy en día, que afectan a la piel, las articulaciones, los músculos, el sistema endocrino y el metabolismo. El PAF es un fosfolípido que se describió por primera vez en la década de 1970 como un factor derivado de las células responsable de la degranulación de las plaquetas. Hasta la fecha se ha demostrado que la FAP es un mediador de una variedad de eventos fisiológicos y patológicos y se ha visto que es un importante mediador de la inflamación. El término PAF no identifica en realidad una entidad única, sino que abarca una clase heterogénea de fosfolípidos con estructuras ligeramente diferentes que son responsables de diferentes efectos biológicos. El PAF está secretado por una variedad de células tanto del sistema inmunológico como de plaquetas, neutrófilos, monocitos, macrófagos y células musculares lisas y endoteliales. Diversas pruebas científicas indicarían que el PAF es un importante mediador que interviene en la respuesta inflamatoria y la respuesta alérgica debida a los alimentos. En la literatura se ha descrito una ruta "alternativa" de la alergia cuyo principal mediador parece ser el PAF. Los desequilibrios en su producción y regulación parecen estar asociados con el desencadenamiento de una inflamación crónica que puede conducir al desarrollo de muchas enfermedades.

Las IgG específicas de los alimentos como indicadores del consumo de alimentos

Los anticuerpos IgG específicos de los alimentos son proteínas producidas fisiológicamente por el cuerpo cuando están en contacto con los alimentos y sus niveles aumentan proporcionalmente al uso repetitivo. Su medición permite de forma personalizada entender cuánto y como una persona está comiendo para proporcionar una guía nutricional personalizada que reduce la inflamación y al mismo tiempo mantiene la dieta tan variada como sea posible. Quienes consumen diariamente alimentos inmunológicamente similares y, por lo tanto, relacionados con el mismo grupo (por ejemplo, leche, yogur, dulces, queso, carne de vacuno) pueden ver fácilmente que el nivel de IgG de la leche y sus derivados aumenta en su sangre y esta indicación pone de relieve la posible elección terapéutica de modular la ingesta para reducir también las posibles reacciones inflamatorias. Investigaciones específicas, incluida la última publicada en Nutrients (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31108900/), han permitido confirmar, según una rigurosa metodología estadística, la distribución de las IgG específicas de los alimentos en la población italo-europea, indicando los 5 Grandes Grupos de alimentos más importantes en su dieta:
  • El Grupo de la Leche
  • El Grupo de la Levadura
  • El Grupo de Aceites Cocinados
  • El Grupo de Níquel
  • El Grupo del Trigo y el Gluten
Las organizaciones mundiales de la salud (OMS, AIRC y también el Ministerio Italiano de Sanidad) exigen que los alimentos sean siempre variados y completos. El Ministerio de Sanidad, en su documento: http://www.salute.gov.it/imgs/C_17_pubblicazioni_2788_allegato.pdf confirma la validez desde el punto de vista metodológico y científico de la medición de BAFF, PAF e IgG, análisis útiles para la evaluación inflamatoria y que no se refieren, obviamente, al diagnóstico de las alergias alimentarias mediadas por IgE.

Conoce más sobre el componente genético analizado por la prueba

El conocimiento de una variante genética diferente en los propios cromosomas y, por consiguiente, el conocimiento de la posible presencia del gen TNSF13B, permite al terapeuta definir y aplicar estilos de vida y hábitos alimentarios más equilibrados y más adecuados a las necesidades personales y orientarlos hacia el tratamiento más apropiado.

El gen TNSF13B asociado a la autoinmunidad

En un pasado reciente ya se había formulado la hipótesis de que existía una relación directa entre los niveles de BAFF (citoquina inflamatoria que también se desarrolla a partir de una nutrición incorrecta) y la inducción y el mantenimiento de ciertas enfermedades autoinmunes. En 2017, el New England Journal of Medicine, una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo, publicó una investigación realizada en seres humanos que confirmaba precisamente esta relación, abriendo el camino a nuevas perspectivas en el diagnóstico y el tratamiento. El test Recaller 2.0 analiza la presencia o ausencia de polimorfismo en el gen TNSF13B que preside la síntesis de BAFF. La presencia de esta variante genética (BAFF-var) se asocia con el riesgo de desarrollar autoinmunidad. La presencia de esta variante, de hecho, determina un aumento considerable de los niveles de BAFF en la sangre en respuesta a los estímulos ambientales externos (incluida la dieta, que debe ser modulada más cuidadosamente en su presencia). En enfermedades autoinmunes como el lupus y la esclerosis múltiple, la variante genética que justifica el aumento del BAFF está presente en el 24-27% de la población. Para la población "normal" italiana está presente en el 5,7%, para la población española en el 4,9%, mientras que para la población del norte de Europa (Reino Unido y Suecia) está presente en el 1,8% de la población sana. Los datos más recientes indicarían porcentajes más altos, aún por detallar.

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